Cuento... (ok. todos tenemos tendencias literarias)
Se levantó en la mañana como todas las mañanas, para ir a donde sea que tuviera que ir. Fue a la cocina, y tomó la caja de cereales de la repisa, donde siempre la había guardado. Luego de desayunar, fue al baño, se duchó, afeitó, y todas esas cosas que hacía siempore en el baño. Al ir a su ropero, se vistió de esa forma en que sólo él lo hacía, esa que llevaba años imponiendo.
Salió.
Era un día común y corriente, "nublado variando a parcial" chillaba la radio de ese Peugeot que había cambiado hace apenas unos pocos meses... Le gustaba esa marca; al fin y al cabo, nunca lo había dejado botado.
Ese fue un día normal: trabajó hasta las 6, recibiendo gente, concretando reuniones, hablando por teléfono y almorzando con clientes. Había demostrado ya que el restaurant de la esquina era lo más cómodo para reunirse. Además, ya todos lo conocían.
En su casa se puso su ropa deportiva, y salió a trotar: sus 20 minutos diarios lo mantenían en forma. Al llegar, se dió su segunda ducha, hizo su comida y vió las noticias. Llamó entremedio a su familia, a su polola y a algunos amigos.
Lo último que hizo fue lo que siepre dejaba para el final; lo que siempre lo sacaba del sopor que produce el cansancio de un día normal: dedicar un par de minutos a ver a su Hamster. Ahí estaba, corriendo en su rueda, que es lo que hacía todo el día, si es que no estaba durmiendo.
Entonces, se dijo: "la diferencia entre animales y humanos es que no vivimos en una rutina".
ATENCIÓN! Ya se viene el final alternativo...